En 1976 la Organización Mundial de la Salud definió el alcoholismo a través del síndrome de dependencia alcohólica como “Un estado psíquico y habitualmente también físico resultado del consumo de alcohol, caracterizado por una conducta y otras respuestas que siempre incluyen compulsión para ingerir alcohol de manera continuada o periódica, con el objeto de experimentar efectos psíquicos o para evitar las molestias producidas por su ausencia”.

El alcoholismo es una enfermedad multifactorial, que si no se detiene, aparecerán, de manera progresiva, sus consecuencias médicas, psiquiátricas, y adictivas, que van a conducir al paciente a recaídas sucesivas y a que esta enfermedad se convierta en crónica.

Las personas que inician el consumo de bebidas alcohólicas durante la adolescencia tienen una mayor probabilidad de sufrir las consecuencias del consumo excesivo de alcohol y otras drogas al llegar a la vida adulta.

El alcohólico/a no es un/a canalla ni una mala persona. El alcohólico/a es un enfermo/a.
Se dirá que pierde su trabajo, que maltrata a su familia, que se vuelve brutal y egoísta, que se destroza a si mismo y a los demás, y que quien hace eso es un/a sinvergüenza.
Todo eso que hace es consecuencia de su dependencia al alcohol y a veces a otras substancias, (cocaína, cannabis, etc.).

Efectivamente, suele consumir demasiado, a veces junto con otras drogas y a menudo se emborracha. Pero hay personas que consumen alcohol y hasta que se embriagan a menudo y no son alcohólicas.

Lo característico del alcohólico/a es que no puede dejar de beber, que ha perdido la libertad de poderse abstener de consumir, ha perdido las riendas de su vida.

Ya no es él quien manda, sino la droga alcohol.

Muchas personas que conviven con alcohólicos acaban centrando su vida en intentar ayudarle, a veces a costa de un gran sacrificio personal.

Cuidan del enfermo cuando está intoxicado, se encargan de sus obligaciones, suavizan los momentos difíciles y ocultan sus errores.

Tratan de aparentar que todo va bien en casa, que su familia es “normal”.

En el fondo intentan controlar al afectado, procuran percibir la problemática emocional de dependiente como suya y pretenden asumir parte de sus responsabilidades. Se convierten en “CODEPENDIENTES”.

Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, esta actitud no ayuda a luchar contra la dependencia, sino todo lo contrario.

Todo esto permite aseverar, que, los familiares, que a veces enferman incluso más que el alcohólico, tienen que tener una participación activa e imprescindible, en todo proceso de curación.