Hay dos días de los que no debiéramos preocuparnos, dos días que no deben causarnos temor, esos días son AYER, con sus errores y penalidades. Ayer pasó para siempre de nuestro control, no podemos anular cualquier cosa que hicimos, ni cualquier palabra que pronunciamos.

El otro día es MAÑANA, con sus posibles adversidades, sus cargas, sus muchas promesas y escasos cumplimientos. Mañana no ha nacido todavía.

Nos queda el HOY, donde cualquier persona puede librar la batalla de día a día.

Solo cuando unimos las preocupaciones del AYER y el MAÑANA, es cuando sufrimos el remordimiento de lo que pasó AYER y el miedo a lo que pueda pasar MAÑANA.